¡Disfruta de lo que la naturaleza siempre nos ha brindado!

Los alimentos orgánicos se han vuelto muy populares en los últimos años en consecuencia de las muchas personas que optan por adquirir hábitos alimenticios más saludables.

Cuando hablamos de productos orgánicos hacemos referencia por lo general a frutas y verduras que no han sido sometidas a la aplicación de productos como fertilizantes, herbicidas o pesticidas de tipo químico, aunque algunas personas entienden el término orgánico como un sinónimo de nutritivo y otras lo ven como una manera de referirse a alimentos seguros y limpios. Los alimentos orgánicos son todos aquellos que contienen carbono y son producidos por el hombre, clasificándose en 3 grupos: los glúcidos o azúcares, los lípidos o grasas y las proteínas.

Este concepto habla de productos agrícolas o agroindustriales que se producen bajo un conjunto de procedimientos denominados “orgánicos”. El objetivo principal de este tipo de procedimiento es la obtención de alimentos sin aditivos químicos ni sustancias de origen sintético. Además, son más nutritivos, y esto se logra porque su producción se hace bajo procesos que se asemejan lo más posible a los sistemas naturales. Es como si la naturaleza produjera a su ritmo, bajo sus propias leyes, y nosotros nos redujéramos a ser sus recolectores y cuidadores.

La producción de alimentos orgánicos, incentiva la relación con el medio ambiente, es decir, se fertilizan los suelos para la siembra con abonos naturales, dependiendo mucho del agua, del aire o del sol, así como también de aquellos organismos vivos que existen en los ecosistemas. Los productos orgánicos también favorecen a pequeños productores locales, principales productores de la agricultura biológica.

Los alimentos orgánicos son promocionados por ciertos sectores que ven en la agricultura convencional un método insostenible de producción o que consideran que la producción orgánica es más sana. En la mayoría de los casos, los rendimientos de los cultivos orgánicos son menores que en el caso de la agricultura convencional, por lo que para producir la misma cantidad de comida, sería necesario reclamar una mayor cantidad de bosques y espacios naturales.

A pesar de ello, actualmente no existe suficiente evidencia científica para afirmar que el consumo de productos biológicos repercuta en un mayor beneficio para la salud. La mayoría de los estudios realizados sobre las diferencias entre alimentos orgánicos y convencionales concluye en que no existen diferencias nutricionales o de salud significativas para la salud entre alimentos “bio” y alimentos clásicos. Las dosis de pesticidas o plaguicidas presentes en los productos “no orgánicos” son ínfimas y las repercusiones sobre el organismo difíciles de evaluar.

Alimentos Inorgánicos

Los alimentos inorgánicos son aquellos que no aportan energía, como el agua y las sales minerales, que forman parte de los seres vivos y que son imprescindibles para el funcionamiento normal del organismo.

Los alimentos inorgánicos son en su mayoría minerales. Un mineral es un elemento inorgánico (un metal) que se combina con otro grupo de elementos químicos: un oxido, un carbono, un sulfato, etc, que le da estabilidad al compuesto; nuestro cuerpo para asimilarlo debe convertirlo en un elemento más complejo denominado “quelatos”, compuesto de partes orgánicas que pueden ser enzimas, hormonas, y proteínas, pero sin duda, los mas destacados de estos son los aminoácidos.

Los elementos inorgánicos intervienen en la transmisión del impulso nerviosos a los músculos, conforman tejidos y actúan como reguladores del balance hídrico del organismo, entre otras muchas funciones. Se puede decir que los minerales intervienen en todas las fases del funcionamiento del cuerpo humano.

Los minerales se pueden dividir en tres grupos:

Macroelementos: (se miden en granos) sodio, potasio, calcio, fósforo, magnesio, cloro y azufre.

Microelementos: (se miden en miligramos) hierro, flúor, yodo, manganeso, cobalto, cobre y cinc.

Oligoelementos: (se miden en microgramos) silicio, níquel, cromo, litio, molibdeno y selenio.

EN CONCLUSIÓN

En el mundo actual, es difícil que se dejen de usar transgénicos y agroquímicos, pero podemos fomentar el consumo de alimentos orgánicos a través de la compra directa con agricultores y  productores locales en los mercados. Lo importante es que la población, dentro de sus posibilidades, pueda elegir la calidad de los alimentos que consume.