La traducción literal de la más famosa frase atribuida a María Antonieta es “si no tienen pan, que coman brioche”.

Con esa frase podemos conocer mejor a este personaje que por mucho tiempo fue despreciada en Francia, una extranjera acostumbrada al lujo, cuyo mundo se estaba viniendo abajo.
Si revisamos la historia podemos ver que los excesos de María Antonieta precipitaron la revolución francesa.

 

Ella era una princesa nacida en Austria, hija del emperador Francisco I, quien se casó al cumplir apenas los 14 años con el futuro rey de Francia.

Llego a ser reina a los 18 y murió guillotinada a los 37 tras pasar sus últimos dos años encarcelada. Le tocó vivir en una época complicada para la sociedad, pero apasionante en el terreno gastronómico.

 

En el siglo XVIII la cocina francesa tomo la delantera para convertirse en el referente mundial durante el siglo siguiente, la época del gran Antonin Careme, de los restaurantes y de grandes innovaciones en la cocina.

La pastelería vivirá una edad dorada y María Antonieta desde Versalles, disfruto plenamente de ella; no le gustaba comer en público ni le apetecían platillos salados, se dice que no pasaba de sopas y pollo hervido, por lo que organizaban para ella desayunos privados donde degustaba toda clase de postres de alta cocina como macarrones, bombones, volovanes, mil hojas y especialmente brioche.

 

El brioche es un pan enriquecido con mantequilla y huevos que solo estaban al alcance de los nobles, puede encontrarse en diferentes formas dependiendo la zona, este pan puede utilizarse tanto para preparaciones dulces como saladas.

La forma más conocida es el brioche parisino, también conocido como brioche de teté con una forma agradable a la vista, este tipo de brioche fue creado en el siglo XVII .

 

Una receta sin mucha dificultad, que da como resultado uno de los panes más sabrosos y tiernos que te puedas imaginar, un pan de la realeza hoy en día al alcance de cualquiera que quiera apreciarlo.

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