Un comedor corporativo con 1.400 comensales diarios logra gestionar más de 2.100 raciones en un mes gracias a Oreka Circular Economy, sin añadir carga al equipo
Medir el excedente alimentario es solo el primer paso. El verdadero impacto aparece cuando las colectividades pasan de la medición a la gestión estructurada. Así lo demuestra un caso real gestionado con Oreka Circular Economy, en el que un comedor corporativo con una media de 1.400 comensales diarios consiguió gestionar 2.188 raciones de comida en un solo mes, sin alterar su operativa habitual.
Durante el periodo analizado, la gestión estructurada del excedente permitió recuperar 437 kg de alimentos y visibilizar un valor económico asociado a la sobreproducción de 4.438 euros, un coste que hasta entonces permanecía difuso para la organización.
La generación de excedente es una variable inherente a la operativa diaria de los servicios de restauración colectiva, marcada por la variabilidad de la demanda, los cambios de agenda y la imposibilidad de prever con exactitud la asistencia. La diferencia no está en evitar por completo el excedente, sino en contar con un sistema que permita gestionarlo cuando ocurre.
“Cuando la respuesta está prevista, el equipo deja de improvisar y la gestión se integra de forma natural en el servicio”, explican desde Oreka.
Impacto operativo y económico
Desde el punto de vista de la empresa, el impacto fue doble. Por un lado, operativo, al integrar la gestión del excedente sin añadir carga al equipo ni generar fricción en el día a día del comedor. Por otro, económico, al permitir identificar y cuantificar un coste asociado a la sobreproducción que hasta ese momento no se analizaba de forma sistemática.
Además de reducir costes indirectos, la gestión estructurada evita el tratamiento del alimento como residuo y facilita el acceso a beneficios fiscales cuando corresponde.
Del servicio a los reportes de impacto
Otro de los efectos relevantes de este enfoque es la generación de información verificable. La gestión del excedente no solo permite redistribuir alimentos aptos para el consumo, sino que genera datos que pueden integrarse directamente en reportes de impacto ambientales, sociales y económicos.
“Cuando la gestión está estructurada, los reportes de impacto dejan de elaborarse a posteriori: se generan de forma automática a partir de la propia operativa”, señalan desde Oreka.
Una decisión de eficiencia
Los resultados de este tipo de casos confirman que la gestión estructurada del excedente alimentario no es un gesto reputacional, sino una decisión de eficiencia. Con el sistema adecuado, la donación deja de ser una carga y se convierte en una herramienta que ordena procesos, reduce costes y genera valor económico, social y ambiental.

