En una mesa de alta cocina, compartir también puede ser una forma de sofisticación.
En Polanco, Encanto Fuego & Mar presentó su nueva propuesta gastronómica con una idea que atraviesa tanto la cocina como el espacio: crear una experiencia pensada para convivir, compartir y disfrutar alrededor de la mesa, sin sacrificar la elegancia, la calidad del producto ni la precisión técnica.
La llegada del Chef Ejecutivo Edgar Trejo marca el inicio de esta nueva etapa, en la que los ingredientes mexicanos se encuentran con técnicas internacionales y una puesta en escena diseñada para involucrar algo más que al paladar.
Encanto Fuego & Mar: México como punto de partida

La propuesta parte del producto mexicano y de una cocina de autor que no busca encerrarse en una sola tradición.
Ingredientes y técnicas nacionales se encuentran con recursos de distintas cocinas del mundo. El resultado es una carta donde el origen permanece reconocible, pero cambia la manera de expresarlo.
El fuego y el mar aparecen como dos de los principales hilos conductores de esta propuesta. La intención no es hacer que la técnica sea protagonista por sí misma. Es utilizarla para llevar el producto a otro lugar.
Una mesa hecha para compartir
Hay algo particularmente interesante en la manera en que Encanto plantea esta nueva carta: la experiencia no está construida alrededor de un solo comensal, sino alrededor de la mesa.
Los platos llegan al centro, se prueban entre varios, se comentan, se comparten.
Ese gesto, aparentemente sencillo, cambia la dinámica de una experiencia gastronómica que podría sentirse distante o excesivamente solemne.
Aquí la convivencia forma parte del concepto.
La elegancia no desaparece. El servicio continúa siendo preciso y atento, pero la mesa se vuelve un punto de encuentro en lugar de limitarse a ser el lugar donde llega un plato.
Durante la experiencia, el equipo de servicio mantuvo una atención constante, acompañando cada tiempo y explicando los elementos de la propuesta. Víctor Hugo, parte del equipo de servicio, destacó particularmente por la atención brindada durante la cena.

Del plato al ambiente
La comida tampoco ocurre aislada del espacio.
Las pantallas de gran formato transforman el restaurante dependiendo del momento: el océano, paisajes naturales, referencias prehispánicas y escenarios vinculados con el fuego construyen distintas atmósferas alrededor de la mesa.
La intención es que el entorno acompañe lo que ocurre en el plato.
La experiencia comienza con una atmósfera más pausada y gastronómica, pero conforme avanza la noche adquiere mayor energía. La música, la iluminación, las proyecciones y la coctelería empiezan a tomar mayor protagonismo.
Es ahí donde la experiencia inmersiva deja de ser únicamente decoración y se convierte en parte de la manera en que se vive la cena.
La coctelería también cuenta la historia

La barra sigue la misma filosofía.
El Passionated Spritz combina Aperol, maracuyá, zumo de limón, Orlotti, prosecco y espuma de maracuyá. Es una mezcla de acidez, dulzor y burbuja con un perfil tropical que mantiene ese encuentro entre referencias internacionales y un toque mexicano.
Por otro lado, Metamorfosis reúne Aperol, Chartreuse verde, Italicus, jarabe natural y zumo de limón, llevando la experiencia hacia un perfil más herbal y complejo.
Incluso los detalles de la presentación forman parte de esta intención. Hielos y obleas elaborados especialmente para la experiencia acompañan una coctelería de autor que busca que la bebida también tenga un lugar dentro de la narrativa de la mesa.
Una cena que termina en la mesa
La propuesta se extendió también al menú de la noche.
El recorrido comenzó con el aguachile de camarón rojo a las brasas y chiltepín, seguido por un taco de rib eye con frijol, costra de queso y pico de gallo. Después llegaron los langostinos a las brasas y un New York acompañado de brócolini y una preparación de ajo.
Para acompañar la cena estuvieron presentes vinos como Encanto y Valletal, que continuaron el recorrido junto con la propuesta gastronómica.
El cierre tuvo dos caras: un pastel de crepas con crema y fresa, terminado frente al comensal con una rosa nitrogenada que se rompe sobre el postre, y un pastel de zanahoria con caramelo salado.
Pero quizá lo más importante no estuvo en un ingrediente específico ni en una técnica espectacular.
Estuvo en la manera de poner todo al centro.
Cuando compartir también es alta cocina
La nueva etapa de Encanto Fuego & Mar plantea una idea sencilla, pero relevante en un momento en que muchos restaurantes compiten por crear experiencias cada vez más complejas: la sofisticación no necesariamente está en hacer la mesa más distante, sino en encontrar nuevas formas de reunir a las personas alrededor de ella.
Aquí conviven producto mexicano, técnicas internacionales, cocina de autor, tecnología, música y servicio. Pero todos esos elementos terminan regresando al mismo punto: la mesa.
Porque una experiencia gastronómica puede sorprender por lo que sucede frente a nosotros, pero también por lo que sucede entre nosotros.
Y en Encanto, la nueva carta parece apostar precisamente por eso: que comer bien también sea una razón para quedarse, conversar y compartir.
Si estás buscando una forma distinta de celebrar este 15 de septiembre, Encanto Fuego & Mar es una experiencia que vale la pena vivir. Reúne a tu gente, siéntate a la mesa y déjate llevar por los sabores, la música y el ambiente de esta noche mexicana.
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